HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Sobre esos puntos suspensivos.... de la insaciable pérdida de ese libro en el óxido del salitre. En paz de velorios cuando fuimos desnudez bajando con las arañas la atracción de la ausencia. Y la estación siguió virando el beso de la orilla, donde retomábamos en la helada la descendencia de la rosa de jericó. Sin más reclamos ni preguntas al cuchillo de la noche en la autopsia del cuaderno. El camino ya no cortaba crisantemos ni acumulaba ritos de despedida... en la sangre de la primavera. Porque nunca pertenecimos a la permanencia, ni supimos acabar aquella historia, sino en el desorden endémico de la mar sobre la esdrújula continuidad de la metáfora huérfana.
En algún momento el vino agotó sus ardides, en los braceros del callejón, cuando el oleaje nos sacaba como estrellas fugaces hacia el escalofrío.
Y se acabó así... el recuerdo-plaacenta. El luto de retorcidas hogueras en el horizonte. Porque el viento no permitía detenerse, ni para hallar un argumento que curara los gritos del insomnio, ni para anudar el lazo al lugar donde volvían a reir tus monstruos.

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