HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Son otros ciclos. Vienen desde la sombra sacrificada. De mi canción de amor, hundida en el fango. Vagando como alma en pena, ni entre la vida, ni entre la muerte. Algo quería decir la Nada. Por eso los violines se tiñeron de arañas y de cuarzo. En medio de la plaza, desnuda, portaba clavos oxidados sangrando en mis senos la voz del sol, clandestina de tu última voluntad en el centro de la guerra. Elegí apretar el gatillo. Porque el cielo se meaba de risa sobre nuestra desgracia. Porque tus sapitos tocaban tango donde ya no era capaz de tenerme en pie. Y lo que dolió, no lo hizo en relación nunca a ésta tierra ni a mi historia.
Nací chivo expiatorio del motín de la prisión. Contra dios y contra el diablo, si quieren credo, si quieren que agache la cabeza, que suplique sus favores, que entregue mi alma, que no haga más preguntas. Nunca supe pedir permiso al abrir la puerta. Todo fue de patada, de canto de fuego. También con los moratones de esa habitación de sucio hotel jugando a morir y a matar con esquelas colgadas en el pomo de la puerta para que nadie la abra.

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