HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Tengo que recoger mi habitación...  Kavka destruyó su colchoneta y los cachos de espuma de dentro riegan todo el suelo.  Desde que era niña... he dejado que los escombros y el desorden lleguen a su extremo, para después, ordenarlos en algún arrebato impar e infiel. Y luego repetirse el amor del polvo y el agujero. Yo me crié entre ruinas y locos ocupados con la mar y con el surrealismo y la tragedia, y no con la tierra ni con el cielo. Como dijo mi Tia Isabel a mi hermano cuando me despidieron hace muchos años de un trabajo de limpieza en una oficina de sucios burgueses "¿cómo va a saber limpiar tu hermana si se crió entre basura?"  Esto nos hizo carcajearnos y repetir la broma. Mi Tia Isabel no quería subir al coche de la familia porque decía que se ensuciaba y cuando venía a veces a casa...  ponía un trapo en la silla antes de sentarse.. y lavaba diez veces la taza de café y la cuchara. Ella era una obsesiva-compulsiva de lo impoluto. Cuando de niña iba a su casa y me daba leche con galletas, se quedaba fijamente mirándome y cuando yo mordía la galleta se ponía como loca por si caían sus migas al suelo. Yo oía mil veces multiplicado el sonido de la  galleta romper en los dientes. Me causaba mucha inquietud y a la vez diversión ir a su casa. Sentía que yo traía oscuros pajarracos volando sobre mí y que cuando pisaba su suelo daban alaridos. Tia Isabel era una mujer extraña, había sufrido mucho por culpa de la dictadura y la pobreza en su juventud... y tenía un universo muy lejos de la sociedad, ella cantaba muy bonito, tangos de Gardel, ella leía libros, ella pensaba y pensaba algo que nunca decía a nadie, ella siempre lloró al hijo que no pudo tener, de jóven era muy hermosa....pero se casó con un hombre oscuro y se atrevió a divorciarse en aquella época en la que eso era algo medio prohibido. Ella era una soñadora que se sintió presa en los cantos del réquiem. Ella conoció todas las soledades. Salía a caminar sólo cuando llovía a chaparrón. Le gustaba ir muy elegante. Y tenía un nervio belicoso, punzante, un canto de serpiente incomprendida, de amor robado a puñaladas por la tierra. En sus últimos años... dejó su Asturias y su mar, y vino con nosotros, porque le dolía la soledad.... y cuando se fue haciendo más vieja.. y más dependiente, vino a vivir a la casa... y el ardor de las ruinas la cubrieron.  Perdió la cordura. Hablaba con fantasmas. Oía voces. Una vez me confundió con sus demonios y me dijo "tú mataste a mi padre, por qué lo hiciste?" La relación entre mi abuela y la tia, se hizo macabra y surrealista. En aquella época la casa navegaba sobre un raro anacoluto.  Aunque yo no estaba allí casi nunca. Tia Isabel murió cuando yo vivía en Asturias y yo no fui al entierro. La abuela también estaba ingresada en el hospital. Todos querían que volviera, yo no quería volver, yo quería quedarme en el abrazo de la mar y de mi libertad... en aquella Asturias fueron los únicos meses en que de verdad sentí el amor de K, cuando regresé jamás regresó el barco que habíamos escrito.
 El abuelo se ponía como loco... porque estaba a cargo de mi hermano y mi hermano sólo iba a casa a dormir. Una vez me llamaron en medio del temporal para obligarme a volver con sus chantajes emocionales.... y mi abuelo decía por el teléfono "¿qué qué no te oigo? que no vienes? pues ahora mismo me tiro al río" mientras por otro lado se oían rezos y cristos llorando madera quemada en la pared. Y todo era muy trágico y surrealista, esa forma de hablar de mi abuelo y el imposible contexto, me provocó un ataque de risa y mi hermano también se reía a carcajadas al otro lado del teléfono. En los tejemanejes familiares, la abuela no sabía que la Tia también había caido enferma porque mi madre no se lo quería decir por miedo a que le ocurriera algo en su corazón cansado. Mi madre iba  de un hospital a otro hospital sin poder pararse ni a pestañear.... Y la tia murió. La abuela nunca lo supo.  A mí me pareció muy mal que no lo dijeran y  traté de convencer a mi madre de lo inevitable y necesario de la verdad, pero al final yo también sucumbí al teatro.. La abuela preguntó por su hermana el día que murió. La abuela a veces encontraba en la casa, los objetos de su hermana...y creo que algo de ella sabía que había muerto. 
A la abuela la iban a meter al quirófano... y fue entonces cuando yo regresé. Mi madre creía que no iba a salir viva de la operación. La abuela le decía "cuando llegue mareva yo ya habré muerto". La casa echaba fuego. La mezcla de las circunstancias y la locura de cada uno hizo un raro paisaje de abismos. Y yo que estaba en el poema, porque es en el único sitio que he estado.... se doblaba en mi corazón.... como orillas incendiarias. Yo quería quedarme con los pájaros y con la mar y jamás volver, pero volví. Creo que volví a la casa, en diciembre del 2012 y su macabra navidad. En aquella época yo jamás escribía sobre lo que ocurría a mi alrededor de forma directa. Y aquella atmósfera que yo siempre leía como lluvia de sangre de poemas.... fue tejiendo en mi corazón muy raros caminos. La historia con K. se quedó en aquél mar. Aunque siguiéramos juntos unos 8 meses más, ya nunca lo estuvimos.  En aquella mar, volvió a llamarme la oscuridad de los lobos. Lo sentí como un incendio en aquellos acantilados bajo la lluvia y la marejada. Yo iba siempre, aunque lloviera a cántaros, a pasear por los acantilados durante horas. Recuerdo que una vez, una ola llegó hasta donde estaba y pasó a medio metro de mí, yo estaba en un saliente muy estrecho, con un precipio delante y otro detrás. Si me hubiera dado la ola seguramente me hubiera tirado al mar.  Recuerdo que espiritualmente, mis últimas semanas en la costa, estaban llenas de un obscuro e hipnótico canto. Como ese éxtasis que sentí cuando la mar rompió sobre el acantilado. 
Aunque allí también conocí una felicidad que nunca antes había tenido. Y que nunca volvería. 
Mi regreso supuso un raro infierno con antagónicos y sangrientos frentes en mi alma...... Traté de volver con locura, al modo de comunicación y amor y Sueño que había tenido con K. antes de eso. Pero ya jamás pude volver.  Los últimos meses de relación... estaban escritos en la lejanía e incomprensión de una tumba. Me era muy complicado explicar mis circunstancias reales y emociones, porque vivía en medio del fuego. Él me era la única luz y cordura y ganas de seguir... pero ya no quedaban mecheros ni faroles. Nuestra historia ya había acabado en aquél mar, aunque nos negaramos a ello.

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