HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Tengo que volver al poema. Pero el poema necesita ese esparadrapo en tus labios bailando el rock de los perdidos cuando caen violetas de heroina en el suelo barriobajado de ese grito que dilata en la lengua muerta de la mar, el fractal de tu causa, mecida en el viento como una pérdida que amamanta en el papel en blanco la cartografía de tu cuerpo en la hoguera, expiando ese esperma entre la ruleta rusa que dijo a tu oido el misterio. Y seguimos temblantes de una Isla cuando todos esos laberintos dentro cautivaban la arena encharcada en tus mejillas por el vaivén de esa luna.

Todo es muy volatil. Mi poesía a veces es oscura. A veces es mi antagonia. Mi enemiga. El gozo secreto de algo prohibido en un primitivo lago que me inundó en la línea de la mano, la saliva de la pólvora. Cuando salías de ese antro... con una guitarra atravesada por el insomnio del mapa quemado en un twist que metió la luna llena donde ahorcaban versos disfraces de azúcar entre incendios.

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