HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Voy a ir al monte. Necesito del aire.... de esa lluvia que se forma nieve, donde cierras los ojos y recuerdas esos versos caerse donde los trenes nos sueltas y sin vías, escalan el grito de la ausencia al brotar de los lirios en las líneas cuánticas de un adiós que vino en los huesos para llevarnos a las estrellas o a la muerte.
Soy la inestabilidad. Camino una música que no comprendo. Me clava puñales y pájaros. Me desquita de mí, del alcance de mis palabras. Soy esa vagabunda que en tu sepultura dejó con resina de pino, la claridad y la senda. Y hoy voy removiendo en los bosques, el recuerdo perdido de mi casa. Voy desarmada, a la mitad hundida donde los castaños sueñan con insectos de fuego. Me quedo detenida debajo de la lluvia... como si el siguiente paso fuera salir pulverizada de la tierra. Espero una mueca del fauno, entre el vacío y el infinito, entre la desolación y el blues. Cargadas de vapor.... hablamos con orugas sobre las cromáticas verdes cuando el petricor borra las líneas de la mano.  Entre el todo y la nada. Todo el amor y todas las pérdidas. El odio y el payaso de madera muriéndose de amor cuando los tiovivos sacan flores de papel a las sombras. Entre el perder del todo la cabeza y ganarse un avión para desmeronar la montaña de Sísifo.

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