HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Voy a ir por ahí con el perro... he encontrado una falda negra... que compré hace muchos años a una gitana en el rastro... por debajo tiene un vuelo como de arrugas de lechuga. Recuerdo una vez un chico... que me preguntó qué ahora qué hacía y no sé qué le contesté y me dijo con voz inocente y tonta, y ¿cómo puedes pagarte ésta ropa? y yo llevaba ésta misma falda... La tengo hace tal vez 15 años. Antes me la ponía mucho. Todavía recuerdo la voz de K. tan ronca y blues, en algún lugar entre el salitre y lo imposible. Estuve enamorada de él cada día desde que lo conocí, y aún un par de años después de que todo acabó para siempre. fue bonito. Fue delirantemente apasionado. Él fue el único que me hizo sentir amada... de entre los que estuve. Aunque se arrancó con la misma violencia con la que me fue infinito. Y está bien así. Mi destino es siempre atravesar el desierto. Mi camino se formula en las sombras. En ese salto al vacío del éter y de la nada. Seguir amando lo que amé, siendo huérfana de todo lo que tuve en ese cielo. Despojándome de todo lo que me dio la hechura y la metáfora. Mi camino siempre ha sido el de la despedida. El de volver ensangrentada a la mar y lavarme con su sal y con su inabarcabilidad. En las noches frías vuelvo a sentir el magnetismo de una insolubre gota de sangre flotando en el vacío. Mi perdón es entregarme a todas las traiciones. Mi voz sólo existe, donde ya no quiero nada. Deslizarse, bucear el gas, tentar lo extraordinario cuando nuestros huesos crujen las ruinas.

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