HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ya está brotando el peral. Hay cientos de puños de oculta flor en sus ramas. Y el monte silencioso se despide de ti, donde ya no queda ninguna palabra que decirnos. He estado muy lejos, por culpa de ciertos instintos que me afloraron cuando ya creí del todo superados y tragados por la mar. Eso me ha vuelto a poner en lucha de verbos y de andenes cuando vas vestido de la lluvia y la noche se mete en ti y golpea mi libro del exilio en una piedra a 800km de tus legañas de whisky.
Son putos mecanismos de amorfosidades en los pentagramas del ir. Lugares sombríos que tienen una fuerte polaridad.. y que siempre generan el desconsuelo y la locura del placer. Son sueños rotos que no abandonaron el baile del alcohol y el funambulismo de cuchillas entre el desierto y la roja luna. Pero no son mi mundo. Yo sólo fui instrumento musical del delirio, porque una falta en mi pecho y en mi memoria era la que tomaba de la mano cuando yo quería entrar. Es esa falta la que ha venido a explotarse en mi rostro... en esas escamas de  viento cavando en la lejanía la peonza que se hunde en el río... movida por los hilos de juguete de una nostalgia que jamás tuvo en su boca el fruto de la música que llamaba.

He estado algo paranoica. Caminando y sintiendo cientos de kilómetros de calles, atar sobre mi cintura juegos de ajedrez que se pasaron con el norte hasta el suicidio del cedro en tus muñecas.
He estado distante... de aquellas cartas escritas en el interior de mis cicatrices por ciudades quemadas en el sonido de tu despertador cuando amaneces con un vaso de mi sangre en tu mesita. Y espantado.. rasguñas las persianas en el viaje de las sombras.

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