HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ya no hay esa división de criaturas en mi ser. Mis poemas... durante estos años, se nutrieron de mis antagonias y puestas en escena del teatro derribado. Fui a mí misma, el espejo de la bruja y de la autopsia de etanol de un cielo descobijado. Fui a mí misma la espada y la pared, la gota insolubre de sangre apaciguando a los vampiros de mi sótano quemado. Fui todos los males que llegué a pensar en el tatuado tren del olvido. Y usé mi alma, como la sarna y la sorna, del gozo prohibido del poema. Utilicé mi bien... como una brujería para perpetrar el abismo y la oscuridad y los bailes de los ahorcados. Pocas veces abrí su camino y lo usé desnudo. Mi alter-ego de la rata histriónica, usaba mi bien como una fragilidad, para burlarme de la humanidad y de la cultura y de mí. Usaba mis frágiles y puros sentimientos, como pólvora para cargar contra otros caminos. Eran mi vergüenza. Era lo que ocultaba. Ocultaba mi amor. Ocultaba la dulzura. Ocultaba mi espíritu. Y ya no voy a hacer eso. Ya no voy a escribir en favor al apocalipsis y que se vayan a todos a tomar por el culo. Ya no quiero salvar el rostro del rencor y de la salvajidad. Ya no quiero usar esa máscara de insomne poder. Ya no quiero tener orgasmos metafísicos con la poética de la destrucción. Ya no quiero ir por ahí sintiéndome loba de la venganza. Ni salvando egos de locos con metralleta. Llevaré a ese animal a su casa. Ando sin manada. Ando sin amor. Pero defenderé el amor.

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