HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Yo no escribo sobre sentimientos. Aunque todo esté embadurnado de sus sarcófagos y cascadas cuando tus manos se convierten en cera cayendo en las brasas. El amor para mí, es una urraca con espigas en el pico, un hocico de perro lleno de barro, un gesto de acera en el desequilibrio del whisky volviendo al valle con el barco quemado. Es un fuera de campo en la insistencia de mi pentagrama y de la letra que asió mi herida al doblar de los campanarios en la lágrima de los ñú.
No es porque vuelvo a ti. No es porque se me aflojan las estrellas cuando tu mano calma el abismo que desvela mi idea del tacto entre la nieve, o al deambular de calles cortadas en neumáticos de fuego.
No es porque te sé. No es porque se retroalimenta la pupila en el pestañear colectivo de la mandrágora cuando me entrego.  No es. No será. Porque nunca estuviste, en un contexto que te reconociera como.
Porque yo no conocí la otredad nunca de ese modo.
Mi sentimiento emana, oscila, y retorna... de la sinestesia de lo incomprensible. No juega en la mesa, del nuestro ni del mío. No conoce las cartas de esos huertos ni tabernas. Es a la mitad materia inerte, literatura, y piel de mar... subiendo montañas de arcilla y escombros. 
No es teoría, no es poema, no es para que ocurra, o para no perderlo. No es porque he bebido la luna en tu latido. Ni porque la debo en tu tumba. No es, porque algo lo traiga de vuelta. Ni lo nutra en mi entraña.
Mi amor, es un préstamo de algo que no tiene nada. Es algo robado, en la casa que no ha existido. Es un lejano perfume de fetiches de memorias de peyote y de escaleras calentando el fuego del eterno retorno de los salmones y de las rocas.
Por eso, la deshumanización de mis sentimientos, es la única humanización para que yo siga amando.

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