HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Alguna vez fui Fransquesteín agachando la cabeza hasta comer estiércol. Y metí bisturí en mi espejo y cosí los hilos del esperpento en mi corazón y eché en mis sobacos el olor de las ratas y me teñí con todas las prisiones el fuego colgado de mis ojos.
Alguna vez, asalté iglesias cuando daban misa. Clavé mis dientes en la carne de un policía y tuve orgasmos multitudinarios en el verbo liberado de mis monstruos... y en su amor... y su mar sin muro.
Fui multiplicadamente los motivos de tu desprecio, de tu miedo, de tu odio. Fui cada garrapata que me saqué del pelo. Fui la vergüenza de mi madre, fui su rosario lleno de sangre, fui la crueldad que insistió en el resplandor invicto de la noche. Fui un cuerpo lleno de moratones lavándome el esperma de los pederastas que besan crucifijos y dan sermones sobra la austeridad. Fui sin condón, la gonorrea. Fui la fea que quería bailar sola. La que daba pisotones. La que siempre vomitaba el vestido de marca del que estaba al lado, con vino peleón y grumos de bandera negra. Me recogí mis huesos de mi tumba.. y con mi desarreglo hormonal fumé la marihuana del escarabajo de Kafka. 
Me inculcaron que mi sexo era un purgatorio. Y abrí enamorada sus puertas al infierno y al cielo, sin distinguir nunca cuál clavaba mayor herida.
Vi en la oscuridad lo mismo que dijo la luz. Y en la luz, lo que aullaba la oscuridad. Tomé todos los caminos hasta que me arrancaron a cachos sus fueros en mi alma. No fui ninguno.
Fui hombre, fui mujer, fui mono, fui pájaro, y lobo y gusano y mantis. Fui trampa y cartón, benceno y soga y mi árbol. Fui tu no, mi no, el no de todos los síes que me dijeron con sus dictados de cuadrícula y servilismo. Fui vagabunda. Dolor de menstruación en una casa embargada, no pegué ni con cola, ni en el álbum de los suicidas, ni de los que ganaron, ni de los que supieron.

No hay comentarios:

Publicar un comentario