HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Amo la vida. Amo también el canto obscuro que la muerte rasga en el viejo escenario de los errantes solitarios, devastados, payasos, alcohólicos. A los únicos que amamos. Los únicos que podían arrancarnos el corazón y triturar nuestros huesos.
Nuestro hogar nació asesinado, debajo de mil montañas de la basura de las civilizaciones. Y para volver a él, tomamos esas extrañas plantas cuando del monte bajaban los muertos y los lobos lloraban su canción.
Hoy con un pie al abismo, recordamos la ley de la sinfonola en el fuego de la música y de la noche.
Ninguna muerte puede rendirte si tú eres la muerte.
Nada puede lastimarte si tú eres el viento negro que bajo el infierno suspira el dolor de la tierra y ama.

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