HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Antes de acostarme... estuve tirada en la cama, jugando con el perro y el gato... y el perro hacía unos ruidos muy raros.. no eran ladridos, era una mezcla entre gruñido y risa de locos perros.. eran onomatopeyas de pájaros y de sapos y lobos, y el perro se las hacía al gato y a mí y luego hacía amago de mordernos... y se movía como serpiente panza arriba, el gato a veces le metía un zarpazo, y luego el gato, se le tiró al lomo y se quedó sobre él un rato clavándole las uñas. Yo los quise tanto. Luego me dormí, con la persiana levantada, mi intención no era dormirme, sólo era recuperar el pensamiento para ponerme a escribir. Y mientras estaba en el ensueño.. tuve visiones muy elaboradas y bellas y perturbantes... eran montañas desérticas, montañas de barro, con desfiladeros del todo verticales, con todas sus dimensiones y mi enfoque a veces era en el detalle y a veces en la totalidad.. por un instante pensé que esa era la montaña que había visto con la hierba del diablo y donde estaba esa piedra que guardaba el secreto del universo....y quise buscar esa piedra y entonces desapareció la montaña, y tuve visiones mucho más raras... un rostro con cuernos... con manchas verdes y muy negras, como si en su negro entrara todo el espacio vacío del universo.... y luego ya no sé... me dormí entre ellas.

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