HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Aquél patio duerme el sueño eterno... en la rasgadura de tu página.
Invoco en mi lápiz muerto de hambre... el crotorar que inunda esos campanarios de la herrumbre.
Trazo la maquinaria del óleo clandestino destruyendo las fotografías que unen mis heridas a tus labios.
Todo sigue. Nada jamás se detiene. El pensamiento que lo hace acaba pegándose un tiro. El sentimiento que quiere quedarse, escribe un tango alcohólico a los monstruos del armario y se fulmina.

Los abedules besan en tu paso, el remover del agua en mis ahogadas epístolas. Y nos vamos. 

Detrás de las ventanas de las casas que son testigos de mi silencio... se oyen también los gritos que dejaste ahogados en mis paredes y en mi cuerpo. Porque nunca se trató de nosotros. Porque nunca es la historia de nadie.

Tomo las caderas del asfalto en el sadismo de la guitarra. Revuelco la lejanía. Follan las balas y los charcos. Las palabras rotas en el cascajo y en las peonzas. Cuando liban las flores los motivos del viento. Cuando ya no hay deudas, ni volveremos a llorar.

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