HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ayer en las piedras en las que me senté un rato... había cientos de cagadas de pájaro. Me quedé un rato mirándolas como si estuviera escuchando una nana y viendo la pintura más bonita del mundo. Debajo de esas piedras, corría el río. Como estuve golpeándolas el agua me chiscaba... y durante un instante sentí que yo eraa el agua que me iba, y mi cuerpo sobre las piedras era otra cosa, otra cosa que no importaba.
Por alguna razón ahora mis recuerdos son cinematográficos. Y eso me perturba a veces una nostalgia de arlequines puestos con caballo.  Ayer vi, el taller de barro donde trabajaba... sentí su olor, sus miles de objetos en sus mesas.. me vi entrando en la puerta del baño y todo era como si estuviera allí. También vi la habitación de mis abuelos en aquella casa que hoy se está cayendo.. vi la habitación de mi tio. Vi mis manos de niña, casi no llegando a la mesa para robar un cacho de empanada. A vecess pienso que cualquier día de estos, voy a ser devorada por éstos cuentos y ya nunca podré explicarlos. Eso antes me causaba mucho pavor. Me causaba espanto... porque vivía y sentía cosas que no sabía hablar con nadie, ni siquiera podía escribirlas. Como ese chico que conocí en el manicomio.. y que a veces la gente hablaba de él como si él  no estuviera allí, como si fuera idiota.. Porque él nunca hablaba con nadie. Pero tenía los ojos más vivos que yo conocí. Y él se daba cuenta de todo... tal vez por eso dejó de hablar. A veces se reía a carcajadas cuando caminaba solo. Nadie podía acercarse a su mundo. Él había sacado la carrera de medicina.. En los psicotécnicos del manicomio tenía un coeficiente intelectual muy superior a la norma.  Ni sus parientes más cercanos supieron qué le pasó. Sólo él lo sabía.

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