HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El otro día encontré un coche de juguete en el río. Lo dejé allí. Era un coche de esos de metal, era grande como una lata de cerveza. Antes traía a casa todo lo que me provocaba un sentimiento. Ahora más bien trato de tirar la casa al río y quedarme junto al hueco de mi mano. Aunque siempre que encuentro una goma de pelo la traigo. Casi nunca me amarro el pelo pero las traigo. Cuando era niña, me ponía colas de caballo. Para que mi madre no me peinara. Con una goma en el pelo no se notan las greñas. Y a veces no había gomas en casa. Y de ahí, siempre que encontraba una goma me la ponía en la muñeca. Y sigo haciendo eso.

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