HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El paisaje está hermoso. Hay un día de primavera. Ya han crecido muchas flores en el patio... tulipanes, narcisos, y algunas que no sé su nombre, esas flores casi todas las plantó el abuelo y desde sus bulbos vuelven a brotar... Esta noche cayó algo de helada que aún se ve en la sombra. Me despierto rodeaba por esas acuarelas de la vida que sigue en su esplendor. Aunque las ausencias también quieren tocar su guitarra en mí. Es una tristeza metafórica que se mezcla con el deseo, y la montaña acoge el verso y se lo lleva. La melancolía, últimamente, es como el vientre de mi madre, es la música de los chopos, es la pupila clavada en el río... es el lugar que tragó y le hizo la fotosíntesis al pasado y al futuro. Ya no tiene nada qué ver con nadie en especial.... es una urdimbre rizomática de mi huella en la tierra y de mi latido hacia la luna. No tiene espacio ni tiempo. No ha tenido nada concreto, y si lo tuvo, su botella de vino lo convirtió en otra cosa. Ella me lleva a un lugar que no existe... y hace de todo lo de atrás, literatura.

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