HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El paisaje está hermoso. Aunque echo de menos la mar. Su olor, sus bichos entre las rocas, el salitre en mi piel, nadar, mirarla desnuda y libre, en una playa vacía a la que no vaya casi nadie. El río me gusta, pero no es como la mar. No me invita tanto a meterme.  Acá me siento al borde de la desaparición, como si hubiera un umbral, donde todo lo mío... sólo son metáforas de vidas que fueron como cine y ceniza volando en los olivos. Como si tuviera 90 años y diera un salto hacia la nada, y me convirtiera en una niña fantasma que vive dentro de un árbol y está muerta pero siente con los poros de los pájaros... la vida de la hierba y del aire... pero todo lo otro es etéreo y literario.

Antes me molestaba en hacer poesía y elaborar la metafísica. Ahora me da igual, hablar como tira una botella de pis un camionero por la ventana. O como la tia maruja chupando del anís la desgracia de sus vecinos y carcajeándose maliciosamente ante un crucifijo. Me da igual hablar como hablan las ruedas de las bicis cuando pinchan y se cae el ciclista a un nido de ortigas.  La evolución de mi escritura, no va hacia la evolución del poema, va hacia la involución del pus de la palabra.

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