HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El tambor penetra en mi vagina.... la grieta de la tierra. El cielo hace la autopsia a mi hada madrina, que hoy es un cuervo tísico jugando con metales y pervirtiendo la inocencia con el canto profundo de la muerte.
Junto descosidas y lagartos, en la bestia que tras mis ojos, desfigura a la existencia. Yo soy su experimento que acabó mal. Y follo con amor, sólo con amor, con Franquestein... sobre tu casa destruida. Y los dos, como locos con dinamita y flores, surcamos el infierno... para ver si encontramos el destello presidiaro de la luz. Pero nos perdemos.  Sus pelos púbicos en mi boca me hacen maullar  gatos negros al vagabundo que toca la guitarra más bonita del mundo en la vereda. Y mi corazón lo olvida todo. Vuelvo a fumar aquella droga que alguna vez, hizo que las goteras de mi techo cobraran vida y expulsaran a extraños animales que comían en mis manos esos cachos de carne qué vete a saber dónde encontré. Y nunca lavamos la sangre. Franquestein se sube en mis rodillas, nos columpiamos fuego prohibido.. y la esquela de la vieja saca zarpas que arañan la opacidad del cielo. Yo jadeo sobre él... el terrible amor que nació muerto en mi pecho.

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