HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Es la palabra.
Pero la palabra es el desecho de otra cosa.
No llegarás con ella. No será ella lo último que digas.
No estará para que le expliques a Cármen porqué coño apretaste ese gatillo.
Yo tampoco la conocí cuando esa noche llegué chorreando muerte con un vestido lleno de barro y de lluvia... y subí las escaleras, y la anciana agonizaba en un colchón, con un cristo de metal clavado en la pared que nunca nadie pudo echar abajo.  Abrí mis manos... para tomar las suyas, como un rezo, pero en realidad la súplica eran las heridas de mis manos bajo el yeso que no pude quitarme desde que nací.

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