HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hace un día muy hermoso. Vuelan los pájaros. También soñé... el otro día, con el árbol que tiene ese agujero del rayo y en que yo estuve el otro día dentro haciendo un raro rito de anémonas y lluvia. Y cuando me fijé, una zona del agujero.. estaba llena de cucarachas rojas y negras, había miles... entre las grietas del tronco... Y aquello por alguna razón me recordó una rara carniceria. Y fue ese sentimiento el que volvió a mostrarme las cucarachas y el árbol. Hoy fui otra vez a verlas. Cuando paso por ese árbol.. algo en mi espíritu calla. Algo va con mucho cuidado, algo no puede dejar de ir. Acá hay zonas que ya siento mías... en el monte, en el río, entre los chopos. A las que siempre vuelvo y me siento.. y lo detengo todo. Esas zonas también están marcadas por el perro, porque cada vez que tiro en la hierba un rato, el perro viene a mi lado y hace un agujero en la tierra.. a Kavka le encanta fozar y sacar barro. Yo sólo le reprimo cuando muerde plantas o arranca el musgo, porque me da pena que se mate a la vida. A  veces hablo con esas plantas para que entiendan a Kavka. Tal vez es por algo que dijo Don Juan Matus a Castaneda, le dijo que ha de hablar con las plantas y pedirles permiso para cortarlas, porque si no ellas, le provocarán alguna desgracia. A mí eso me gustó mucho. Desde hace unos meses... siento el alma de los árboles, de las montañas, del río, siento un corazón, un raro estremecimiento que emerge de todo lo natural.. y que se enlaza a una especie de rizoma magnético de un escalofrío mucho más profundo. La vida es algo mucho más allá de lo que podemos abarcar y aún más allá de lo que podemos llegar a enunciar sobre ella.
Mi cotidiano... son esas conversaciones de viento y petricor. Son lo que me hace amar y vivir, lo que me hace bailar.

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