HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado en el río... Kavka encontró un trozo de la dendatura de un caballo, con unos inmensos dientes y una raíz muy profunda aún clavada en el hueso, un diente estaba a punto de salirse. Cuando era niña coleccionaba huesos.... ahora ya no, lo dejamos allí en el prado. Los huesos siempre me provocaran un fuerte sentimiento... al imaginar la vida de aquél animal, cómo acabó allí desperdigado, roto, qué mandíbula se clavó en su cuerpo, qué aventura que el río lo arrastró... además ese tipo de huesos, muestran a la muerte con cierta belleza y poesía, porque esos huesos huelen a flores, a hierba, a tierra, a libertad, no son carne, no son podrido, son tiempo que sigue, salvia... y de entre los huesos, sobretodo los que aún tienen los dientes... son los que más escalofríos me provocan. De niña era fantasiosa, y me gustaba imaginar que eran de un animal que no aparece en ninguna fotografía y nadie nunca lo vio. Y creía que esos huesos me protegían.
Estuvimos por allí al pío pío. En silencio. Dejándolo todo correr en el agua.
Al volver tendí la ropa. Regué algunas flores. Iba a poner en la bañera agua y jabón y remojar allí las mantas y edredones. Y luego poner dos sillas y que se fuera yendo el peso del agua. Hacía mucho que no entraba a ese baño... tiene un lavadero de los de antes, ese era un lugar que solía usar sólo el abuelo. Abrí por curiosidad un viejo y oxidado armario.. y dentro estaba la maquinilla de afeitar del abuelo, me provocó algo de pena, como un golpe súbido del recuerdo olvidado de la pérdida, había dos jabones de manos, sin usar, envueltos en ese bonito papel de cartón que tienen los jabones de manos. Y había algo antiguo que yo nunca había visto... con un nombre en alemán y letras como de máquina de escribir, y dentro había una navaja de afeitar.. un poco oxidada, pero muy hermosa que me recordó esa película de Tim Burton, del barbero diabólico.. y sentí un instante mucha magia sobre ese objeto. Como no encontré el tapón de la bañera dejé para otro día lo del lavar de las mantas.
Ahora tengo sueño. Hay que ver cómo cae el ocaso y escuchar los pájaros que sólo a éstas horas cantan de la forma que sólo ahora cantan.

No hay comentarios:

Publicar un comentario