HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado silenciosa mucho rato. Con el perro. Mirando el monte. Mirando las flores del peral y los abejorros. Ausente. No me apetecía escribir. No me apetecía recordar, ni pensar. Tenía una angustia muy abstracta... un quebranto, como si siempre hubiera estado conmigo, pero a la vez no hubiera sido mío. Y se iba y venía. Y todo era casi ausencia. Había una calma en la galería, la luz del sol en su suelo, las flores, Kavka... el olor del verano, y a la vez todo abría una mirada de dolor. Una rara mezcla entre la belleza y el desconsuelo.
Pensé que había elegido la soledad, y que ya no importa nada de lo otro, que he de seguir éste camino con toda la pasión y amor, sin extrañar ningún otro.

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