HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He fregando los platos que se acumulaban allí desde que llegué. Y he puesto a cocinar la comida.. que ya dejaré para la cena, le he echado un montón de agua en la cazuela más grande, por miedo a que se me olvide y se seque el agua y todo se queme.... Comí espárragos con unas tortas de arroz, directamente del bote y con los dedos. Mientras no dejaba de pensar en esa inquietud de la que escribí antes, y comprendí que lo único es volver a jugar, a ser niños, medio brujos, medio ceniza y mar.. a no llevar ninguna cicatriz. Y recordé una escena muy cómica, en el hospital, cuando mi padre estaba enfermo, y un amigo suyo que es un hombre-pájaro, alguien zen que baila con caballos y no se casa con nadie... pero habla con todo el mundo, y habla jugando, entre la crueldad y el amor como los eternos niños.. y aquella vez se generó una escena tan surrealista y cómica gracias al hombre-pájaro que todos acábamos llorando por los ojos de la risa.... Pensé también en ese libro que leí una vez, creo que se llamaba Tokio Blues, y pensé lo jodidamente identificada que me sentí con la jaula de la chica del manicomio y su espada y su pared hundiéndose en la carne..  Pensé que la única vez, que jugué sin mi jaula, fue cuando estaba loca. E iba por allí como un pájaro... jugando a morir y a matar con toda la gente que me cruzaba y reía, todo me hacía reir y bailar... nada era trágico,  nada era serio, ni legal ni ilegal, ni moral, todo era un vuelo, todo era pis de duende.
Pensé que paradójicamente... sólo hallo ese lugar cuando estoy sola. Y busqué con una especie de rezo, volver a estar en el lugar cuando estaba loca, pero sin la jaula de la locura. Y recorrió en mi corazón... la jodida herida, y comprendí que debo reirme de mí misma como un diablo. Porque la herida es ego.  Sentí durante un segundo la posibilidad de llegar a mi isla y ya no irme nunca más. De sacar a mi animal interior y que volara. Pero también sentí en mi corazón un profundo miedo al amor junto a los humanos. Y toda esa metafísica que tanto escribí de mi camino de no retorno. De los Teatros. De los lobos. De mis putas guionistas del hambre.  Y eso me hizo sentir un poco triste. Y todo viene porque no he cruzado del todo la puerta del Infinito. Todo viene por esa resistencia, por mi sed. Por mi pavor al amor verdadero, mi indefensión ante la felicidad.. y mi alergia a los humanos...... Mis instintos de la tragicomedia de los ahorcados. Y comprendí... que debo volver a la mesa de los juegos de azar aunque mis naipes sean una cabeza de puercoespín.. Entendí que algo oscuro en mí... habaía renunciado, se había exiliado. Y pensé en los juegos del acecho y del disfraz. En la posibilidad de hacer una estrategia de hollinadores y violinistas locos. Como cuando estaba loca. Cuando estaba loca.. sentía que esa metamorfosis ya se había anclado del todo en mi entraña y pensaba que jamás volvería a mi prisión..... no tenía ningún pudor ante los otros y su ética sobre mí, sacaba mis vergüenzas y mis heridas, con exorcismos del dadá.. había una especie de ley de LSD que se unía a combustibles metáforas... y me hacía destruir el dolor de toda mi vida de atrás... me sentí como un pequeño quijote, con antenas y rabo y alas de golondrina.  Aquí en el pueblo por ej, me peleé con ciertas personas en las que había algo pendiente, en mí. No era tanto por ellos, ellos me la sudaban, era por el cuchillo que le debía a mi mano. Y ellos eran esas metáforas.. porque ellos habían provocado dolor en mí.  En mi locura, yo era mi propio chamán.  Yo hacía psicomagia con mis traumas. Recordaba mi vida de una forma asombrosamente precisa. Recuerdos muy lejanos estaban ahí, vivos, todo mi pasado vivía al mismo tiempo. Porque mi alma había roto el cascaron. Y flotaba ensangrentada desde mí.  Por ej, aquellas veces que caminaba cabizbaja por la ciudad y tenía miedo de ir por calles transitadas.. cuando estaba enferma, cuando sentía que los ojos de todos y sus risas se clavaban como demonios en mi carne... pues yo en mi locura, iba por las calles transitadas, y cuando sentía esa paranoia del pasado en mi recuerdo.. de que la multitud me acechaba, yo me curaba a mí misma, acechándolos a ellos, los detenía, les buscaba la pelea, el surrealismo, me moría de placer al ver sus ojos asustados queriendo escaparse de mí y sus reacciones. Y también hice eso con los demonios familiares.. saqué mi cara a, mi cara b, mi cara c, e hice una ecuación de duendes.  
Y miles de cosas. Fueron los meses más mágicos de mi vida.  Por ej, yo tenía el recuerdo de que cuando iba con mi madre en el coche, siempre iba tensa con ella, porque conduce muy despacio, se mete por direcciones prohibidas, genera atascos, se salta los semáforos, la pitan miles de coches.....  y yo solía enfadarme con mi madre, y en las psicomagias de la transformación de la locura y de cambiar mi oscuridad, hacía todo lo contrario y defendía a mi madre..., y una vez vino una furgoneta pitando por detrás.. y yo me apeé del coche fui a su ventanilla y le amenacé medio en broma con tirarle una lata de cerveza a la cabeza... que saqué del coche con esa intención.... y qué que prisa tiene por llegar a ninguna parte.. aunque él no se lo tomó a broma.  Este tipo de transformaciones se daban en todo, en cada segundo, el mundo cuando estaba loca, era el más apasionado juego y aventura. Todo me invitaba a seguir rompiendo muros. A volar. Aunque volé a lugares demasiado raros.... y acabé en el manicomio y perdí mi locura, y con ello lo perdí todo. Y tuve que volver a morir.
Ningún psiquiatra, jamás entendió esto, los pobres estaban demasiado enfermos con lo que creían saber... como para tener ojos y oidos y corazón y cerebro....
Creo que nadie, excepto mi perro y los gatos...el crepúsculo y mi corazón. Yo nunca lo olvidé. No sé qué bicho raro soy. Sé que mi único interés es ser libre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario