HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He recogido la habitación que estaba llena de espuma de la colchoneta que rompió el perro.... lo he recogido por miedo a que el perro lo tragara... creo que sino se hubiera quedado ahí hasta las bisiestas. He comido algo de fruta... ya nunca tomo ni leche, ni carnes, ni ningún producto derivado de la explotación animal. Como cosas raras, cocinadas de forma rara, que saben a saliva de golondrina haciendo barro. Hago experimentos que luego me veo obligada a comer aunque sepan mal. Y ya casi nunca tengo hambre. A veces me da un súbito calambre de cansancio... como si ya estuviera harta de la tierra, como si me fuera a morir, y eso me da un arrebato espiritual y me siento jugando a la rana en el río del olvido. Me siento por alguna razón al final de mi vida. Mis proyectos están anclados al viento y duran lo que dura el canto del búho. Me da igual todo lo que alguna vez me importó. La idea de la continuidad... me viene desde un cielo en llamas, desde un umbral medio alucinatorio, medio de nitroglicerina, y no en la tierra, ni entre los humanos. Sólo es un poema. Tengo la jodida sensación de que he vivido siglos ya. Y que ahora tengo que apartarme y dejar que sea la mar la que hable en mí.

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