HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

La angustia... preguntando a las máscaras abandonadas en ese suelo de lluvia, de un escenario herido de benceno cuando en tu página el trazo hacia sangrar a Carmen, 200 km lejos de tu cuerpo y de tu grito en las ventanas espantando a esos pájaros donde la música hacía esa autopsia con los pasos grabados con metralletas sobre el sueño imposible que en mi servilleta escribía con sangre un verso de esos bares que te vieron hundirte en mi hundimiento.

Tengo un grito en mi entraña que quiere hacerme desaparecer y destruir todo lo que he visto. Es un grito neurótico y caníbal, algo que me aprieta en sus zarpas, y me hace hablar, cambiando la atención sobre el espejo que en tu baño chupa tus lágrimas de carbón y de whisky. Y no debías estar en esa fotografía de mis tormento, el tiempo ya te tendría que haber convertido en una toalla sucia tirada en el suelo. Y con perfume de naranjas ventilar los rincones que lloraron la noche que no acabó.

No sé qué clase de libro, alimenta éste tormento. Se abre desgarrado... en mis huesos, cuando trato de irme. Abre esos cajones que había hecho astillas y vuelve a poner en mi mesita, un crucifijo de semen y gritos desolados que la memoria no quiere acoger. Tengo miedo del sótano que mueve mis paredes. Pero no puedo tener miedo. Tengo que abrir la caja de pinturas, fingir que esa canción me ama. Y aunque nada se crea ya que hay una salida... tengo que convertir mis brazos y mis piernas, en remos.

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