HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Lo de escribir estos pasajes cotidianos...  supongo que pronto dejaré de hacerlo. Ahora me lo pide algo inefable en el interior. Y creo que es para abarcar mejor mi atmósfera y a la que soy sin engaños, a la que soy sin el ego del poema, sin mi ansia de literatura, sin la exteriorización de un codiciado fuego... Mi escritura... es mi paso. Ahora quiero volver a ser en todo lo que me rodea, y por eso ella está allí y va hacia allí...  Mi escritura es un invisible hilo que une mi corazón y mi mente, hacia mi espíritu. Lo ha hecho en el callejón, lo ha hecho en la orilla, lo ha hecho en la separación y en el vudú contra mi sentimiento y contra la realidad exterior, lo ha hecho en la locura, en los manicomios. Alguna vez... mi vida estaba antagónicamente separada, por un lado estaban mis poemas y mi escritura, y por otro mi realidad exterior, social. En la que yo era un fantasma... y a veces una esquizofrénica. Me causaba tanto dolor y nudos de heroina y laberinto y cantos de sogas y cuchillos, mi realidad cotidiana, y el país y la cultura y toda la gente... que la escritura no hablaba de ella... sólo en su metamorfosis vampírica de metáforas. 
Hace ya mucho tiempo que mi escritura no tiene ningún fin concreto.. y mucho menos en relación a la vida social y la exposición de esa escritura.....  alguna vez es cierto que sí que busqué el poema acabado, la belleza, en mi término y noción de belleza.. que a veces era cruel, la exposición metafísica, lo versado, lo complejo, lo oblicuo y con diferentes líneas de interpretación, lo cortante, lo indiscutible....... Busqué mi ego poético, la evolución......... Ahora ya no. Escribo lo que me nace.  No tengo esas ambiciones. Me siento de otro planeta.... me siento sal y cangrejos. Niña. Deriva. Ceniza. Amor sin propietarios ni futuros. Siento que mi placer en la escritura, no es el fruto, es el poso incognoscible que se queda en mí y me nutre y sigue. Es algo que nunca queda escrito porque es lo que me impulsa. A veces escribo para descansar, a veces para llorar, a veces para pelear, a veces para tratar de hacer un mantra y salvar la fe y las ganas de vivir, a veces escribo para olvidar, a veces otras para recordar,  a veces para decir en voz alta lo que tengo tanto miedo de oir y que no dejo de escuchar con las goteras de mi techo como monstruos, a veces para no cortarme las venas, a veces para vomitar, otras para no vomitar, a veces escribo para manipular la raíz y la política del dolor en mi pecho. Porque las palabras son mágicas, son chamánicas. 
Y cada vez... para mí... es más difusa y evanescente, la diferencia entre un poema o hablar de las pulgas de mi perro, o de que vi una urraca comiendo una lombriz. O del olor de la hierba mojada. O una conversación que escuché cuando estaba sola en un bar. O las arrugas de los ojos de mi madre. O las latas de cerveza del escritorio del caos.  Todo me parece poético... a veces trágico y esperpentoso y desértico, y lo hallo bello por eso, y a veces vivaz, onírico, orgiástico. Con miles de historias en cada esquina... en cada mano que cala el petricor y la distancia.

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