HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Lo recuerdo a él. Cada vez de forma más críptica y lejana. Pero muchas veces sigue estando en mi soliloquio.. y en esas hojas que arrastra el viento en una calle vacía. Hace ya mucho que todo acabó, y dejó de pertenecer a la vida, para hacerlo a un órgano descalabrado entre canicas y tierra mojada. Él fue al hombre que más amé, fue el amor que sentí de forma más profunda. Y por eso... algo, en las fotografías desteñidas de todos esos trenes que ardieron dentro de la mar, sigue dibujando su rostro... y su mano, a un pájaro de la mía, a un pájaro muerto e irrecuperable. Ya no me causa dolor. Sólo es música de fondo... cuando mis escaleras tropiezan con esa hiedra que subía a la luna y se hundió en la lágrima de Sísifo. Yo luché contra la realidad, con mi delirio, mucho tiempo, para conservar la fe en aquél amor. Pero no había fe. No quedaba ni una gota de la posibilidad, entre mi pala de partir fosas y el sueño de sus islas. Por eso, el cielo cubrió tormentas, en mis versos tachados. Y todo aquello fue haciéndose metáforas de metáforas de palabras de arena debajo de las olas. Y protegí mi corazón, para nunca más llorar, con extraños planetas que chapoteaban mis sueños en mundos que no habían nacido.

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