HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Me he duchado y me he puesto ropa limpia. Tenía en el pelo hojas de árbol y hierbajos. Lo lavé y lo desenredé. Con el agua se me quitó la sensación de la casa de las sombras. Al menos un poco. Todos en mi familia sienten un profundo rechazo a volver a éste pueblo, les duele recordar.... Cada uno de ellos tiene sus motivos muy diferentes. Yo alguna vez atrás también me aparté de aquí y me fui y durante años no quise regresar. Pero ahora amo ésta casa.. y los montes. Aunque no cuido la casa. Tengo siete latas de cerveza ahora en la mesa, un cenicero lleno. Y un desastre generalizado por todas las habitaciones y suelos...  Cuando el desastre crece a ciertos límites que me molestan, me da la venada.. y friego y barro y ordeno... y lo dejo medio aceptable. Y luego se repite el ciclo. Pero tengo la sensación de que los ciclos cada vez son más largos... y de que yo cada vez soy más tolerante al caos y a la porquería.  El caos en ésta casa... se liberó, sobretodo desde que murió la abuela. Yo arranqué los crucifijos y santos de la pared, y puse raras pinturas en su lugar. Yo por aquella época también me fui a otro planeta. La pérdida de K. me trastocó algo el sonido de la guitarra. La casa ya no es la casa que había antes... ya no huele igual.. ya casi nunca hay ropa en el tendal ni ese bello olor en las sábanas que lavaba mi madre. Ya no viene el panadero y nos deja dos barras en la puerta. Ya nunca me enfado porque tienen el horrible sonido de la televisión muy alto. Ya nadie me llama a gritos, ni yo les hago esperar y les digo a voces que estoy escribiendo y que me dejen vivir.  Ya no oigo sus conversaciones mientras estoy en ésta galería... y me río a carcajadas al ver su surrealismo.. y al oir al abuelo decir "iros todos a tomar pol culo y dejarme en paz".  Ya nadie persigue al abuelo para que se ponga su jersey o para evitar que se suba a las escaleras y se caiga y se parta la espalda. O se le cruce y suba al monte al que subía cuando tenía vacas.  Ya no está el chocolate de la cena. Ni es la hora de comer, ni de merendar, ni la hora de dormir, ni de despertarse... Ya no hay horas para nada. Ya no están sus ritos. 
Ahora me ha entrado la risa... porque recordé una escena muy cómica, mi madre estaba estreñida en el baño de arriba.. y mi abuela la llamaba a gritos, una y otra vez, y ella decía "ya voy que estoy en el baño". Pero mi abuela no la oía desde abajo.. y cada vez gritaba más enfadada y el abuelo al ver que la abuela llamaba a mi madre, también se puso a llamarla.. y mi madre seguía desesperada en la taza del váter y dijo "aquí ni cagar puede uno", me decía a mí muy enfadada que fuera a ver lo que querían pero yo estaba meándome de la risa y no me moví....y salió vencida del váter y ellos seguían dando voces y dijo ella a voces "yo no soy supermán, no soy un helipcóptero"Y eso me hizo reir aún más.
Los abuelos ya de muy viejos... nos volvían locos. Se habían vuelto niños... querían que estuviéramos siempre a su alrededor... a veces eran tiránicos en eso.  Y eso generaba un surrealismo... entre los demonios y sombras y ternura y amor, de cada uno.

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