HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Mi mundo interior... me separa de todos los otros mundos.... y a la vez me une, en un poema que estercola en los desiertos, un rostro de lluvia y de sepultos. Yo me voy junto a las nubes, a la madriguera de la noche, donde el papel de lija guarda tus cartas junto a los cadáveres de los sapitos y mi corazón.
La distancia es vertical. La distancia implica una muerte para acercar los labios a otros labios. Y ya nadie salta al vacío de un hueco que embiste la memoria del óleo... donde ese cuervo lloraba de amor a los pies de tu cama.
Me voy a ese lugar donde el Sueño y la locura, comparten almohada y el vaso de vino. 
A veces tengo la sensación de que mi niña de 7 años escupió un espíritu del Leteo para atraparnos a las dos, en una playa. Y ella a veces mueve en los cristales los números de tiza cuando aquél adiós vino de vuelta, un siglo en la saliva de los olmos.
Todo es muy extraño. El pincel siguió dibujando elefantes en los charcos. Y en esa mano, hundida en hueso sopló mi nombre, cuando el río quería suicidarse.
Me es igual de raro hablar con un vecino que con un fantasma. Yo soy ceniza. Soy una canción de amor que jamás se cumplió.Tuve que enterrar en mi pecho, todo lo que alguna vez perseguí para seguir viviendo. Y la vida salvaje se entregó a otros horizontes cada vez más rotos e imposibles.  Siguió la guitarra buscando la mar en el crepúsculo. Y mi piel... se hizo una danza de ortigas entre otras pieles.

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