HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Mi vida son peonzas, son ruedas desperdigadas de trenes de madera y música de hachís, en la ventana de la casa abandonada. Canciones de los que perdieron la guerra y el vino levantado hacia sus fusiles olvidados. De lo otro no hay nada. Todos los recuerdos de haber estado en otro lugar, son recuerdos alcohólicos con irreversibles grietas en su línea temporal y en su espacio y en sus hechos. Con máscaras de papel-cartón de una obra que acabó con todas las butacas en llamas.. y mi sangre entre las ruinas.
De algún modo ya estoy muerta, en relación a la existencia de la gente y de su cultura, de su amor, de sus bares, hasta de sus trincheras. Vivo con el vapor de un diario que escribí alguna vez cuando era otra persona. Y cubro a mordiscos desde su acuarelas mis techos y paredes. Y soy de los árboles y de los bichos. A veces me pongo triste y siento vertical frío corroer las puertas y mi corazón... pero luego, siempre vuelve la música, porque estoy en mi casa de papel y de grillos y perros, porque me sujeta el río, el abismo de mi adentro.

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