HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Todo vuelve a partir en la mandrágora la hipnosis de tus ojos bajo el resplandor de esas fortalezas de humo envolviendo tu máquina de escribir en las hogueras.
He estado en el rio... silenciosa.. abstraida por la corriente, por las ondas que hacía el sol en el fondo y que eran también fractales en movimiento. Al darme la vuelta, se veían los chopos y sólo el azul del cielo rodeándolos... desde esa perspectiva, no se veían ni pueblos ni montañas y eso me hizo sentir dentro de un sueño. Todo está muy verde y muy hermoso. Me lavé la cara y las manos en el río... pasaron muy cerca dos libélulas... y había cientos de insectos. Cuando estaba sentada allí me miré las rodillas y tenía agujeros y descosidos en los pantalones. Y me pareció hermoso, me recordó a la niñez, cuando toda la ropa se rompía entre montes y árboles. Y nos cosían encima rodilleras que siempre eran de un color marrón muy feo... y entre los niños, competíamos a ver quién tenía más cicatrices y nos las mostrábamos como trofeos de la guerra.

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