HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Tu voz acuclillada al revés de esa estanque sacando del fondo incumplidas bofetadas que persignaron el camino que no elegiste.
Mi teatro no quiere que llore yo en su teatro. Que sea yo.. en su deuda, ni yo en su gracia. Que no sea mi dolor ni sea mi felicidad.  Al final hacíamos trampas. Yo con tus heridas en ese buzón en que juraste que uno de los dos habría de morir. Y me dejaba magrear entre el hielo para darle motivo a mi espanto cuando lleno de fiebre cortabas las venas al muñeco de trapo... pero sangraban tus narices sobre ese suelo lleno de mierda. Te daba miedo matar a las ratas. Preferías caminaar entre calderos evitando el daño. El de ellas. El nuestro. El del timbre que se cortó cuando debajo de la lluvia no recordabas dónde estaba la casa ni si eso era una uña o un pájaro enfermo.

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