HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

no son ellos
ninguna suma de paredes y de barro
ni ventanas y pedradas rompiendo en tu espalda mi cristal ni dándome el vino

no fui yo
sino el desvelo de una herida extranjera sin papeles
en tierra árida
sin monedas, sin violines
ni dame tu espalda y te daré el ocaso

producción precaria
de las horas sin tiempo
del aire entre cadáveres mezclando rosas y cuchillos
no para, sino suena, sino rock de fémures y calaveras
chupándote el via crucis donde nunca firmarías haber sabido

es derroche
de rostro de teatro
cuando calza la botella de whisky
la inmemoria que acumulaste en base a la suma de experiencias

de extintor y jeringuilla
cuando a la tripa ya no le importa
si fue un vals de locos, un limpiar la sangre en la escalera robando la fregona al de enfrente, levantando un cristo con sus restos, más las gaviotas y la cicatriz, llegándote, sin nosotras para siempre, a la bofetada de la primera bacteria

porque mudo de años
en la piel mudada de la serpiente de arcilla
que te escribió el último verso de amor
con grumos de fuego y de distancia

devoro en mi cuerpo de humo e invisibilidades
todo el espanto
digiero hacia el beso del colibrí y el rayo
la guía de ciegos debajo de los hoyos
cuando el ring ring
es ese agujero de gusano
que rompe dos mundos separados por el tiempo
y une en tus labios
hielo en llamas
que me da el pecho
cuando caen como bombas en las ciudades los cadáveres que hilvanaron la sed y la palabra
y tú, bajo mínimos, levantas el abismo en tus brazos oceánicos y el verbo tropieza con tu cuerpo una y otra vez y aguarda de la nada el alarido que esculpa de tu mano, tierra fértil

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