HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

al borde de tu cadáver
mil noches, empezó el mismo verso inacabado
insistí en el cuerpo de la nada
el retorno de las vísceras del cuervo preñado de soles
embestí ciega
el hambre sobre el hambre

porque no comprendí lo tenido ni el el peso sobre mi mano, si en la grieta del corazón en las llamas
porque no medí lo llegado en el grito de angustia ni en las huellas abisales de la arena

y quise ir más allá
por la heroica temeridad del fracaso

porque agarré el hueso
donde el pájaro ya se había ido

luego bebí mi carne
juré fuego al metal que tocaba esa música desde el fondo de las ruinas

por través
por fado y bala

pero era un poema mucho más lejano, inamortizable del aullido de tus pérdidas
cuando todas las palabras eran furtivas
y llegaban allí, como llega un cementerio a desenterrar el plástico de las flores marchitas

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