HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

de mi casa de ruedas de gasolina robada
al mechero de un exilio
acoplado de tu cuerpo a esa navaja, luz y cadáver, donde rompe el último sonido, tu canto de precipicio
porta la llama
descubierta sombra
en el equilibrio de esa gota de sangre acunando el papel sobre mis pechos ensangrentados de dar de mamar al vacío el principio de mis verbos

asumo
en mi cubo de basura
todas las monedas que eché hacia la huida y hacia el frente
cuando el abajo era un bisturí
y trenzaba de cera rostro de agua que no calzó nunca en mi carne

van hacia el fin
sin saber que se le pueden robar los naipes al infierno y quemar todas las muertes
porque las caras de esa baraja, fueron dibujas por el miedo
porque el demonio, es la hija desterrada que sacamos de nuestro cuerpo, por no soportar la verdad de los lobos

aquí, rompo ese casette
me digo donde se dice lo inefable
mi piel sacada a tiras a las mandíbulas del sol
toma el esqueleto que te dio mi enfermo amor, para hacerte una persiana, una pipa, un triturador de papel

yo me lo muerdo
a tres cachos del vino que anega
del vapor que precipita
de la letra que ahorca y amamanta, la sinfonola del infinito

conozco el analfabetismo de mi corazón
en la calzada de tu tierra
en sus vías férreas
en sus desagües
en sus depósitos y grutas
sumidero de preguntas irreconciliables
con esa lumbre de mezcal al beso de la muerte

fui mi mayor retractora
golpeé mis palabras, cuchillo contra cuchillo
bajo una voz insostenida de la carne cruda que alzaba el grito cuando el cuerpo deambulaba tuerto de luna el alfiler de una sombra en medio de la nada

bajé donde bajan los reptiles a castrar el cielo
a cavar todas mis vergüenzas
me arratré perra sin dueño
haciendo míos todos los errores y espantos
fui mano a mano, con la podredumbre
cuando detrás del cristal una hoguera nunca dormía
del espejo temblando imanes cuánticos
en un centro bifurcado por el hambre en medio de la guerra

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