HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

cambia tu voz bajo el océano
la desviación endémica de mi grito
porque te sé madre y verdugo
del gusano de mi pan entre las hogueras

de mi diástole con salitre
de la línea rota de mi mano

mecedora de las guerras
cordón umbilical entre la muerte y el aire

soy aprendiz de la noche
bajo tus arrugas de sangre

hija desentrañada del vientre que dio la palabra
cuando las casas se quedaron sin sonidos
cuando la nieve pastó el quebranto de los olvidados

no lo dije entonces
porque mi tráquea estaba con las serpientes del desierto
peleando la arena ardiente en las llagas de mi piel

porque valía de la chingada
el hueso anudado a la soledad del sol

y detrás, de mil noches sin salida
fui arrebatada de tu ternura por heraldos hambrientos de la verdad del olvido

rompí en mil cachos la forma de mi rostro
para beber de tu cuerpo, una palabra que no fuera relativa a mi ausencia
porque en la puerta de atrás del infierno, mi rosa de etanol quería más carne cruda
porque donde reptaba en el Leteo, tragaba extraños espejos de mezcalita

hoy furtiva hago trizas con lo que acumuló el error de cien años en su necesidad creativa
lo coso en mi pecho
y doy a luz la mariposa
que liba de la oscuridad la semilla huérfana en la enclosión del frío y del fuego
y baja los tambores por mi himen
bailo

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