HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

retrocede en tu mirada la arista del olvido
sube por tu piel y apuñala el adiós que nos debimos
donde un papel tiembla un pulso roto de drogas y desvelos
el tic tac, era el buzón quemado, del abrigo ausente en la caligrafía del daño
la palabra llegó carnicera de todas esas horas dadas a lo no habido

pero no es bajar la persiana y cortar a cuchillo la sombra que persiguió el paso
no es hacer que no ocurrió entre doblados pergaminos de consuelo ni de quimera

es asumir el coste
del grito bajo
de la mano pala
del hálito piedra

es sumar los huesos endeudados
para coser los labios exprimidos de la muñeca de cera

en el petit comité de ese inframundo que te ancha
la llave es tiza, la puerta es polvo
el tú que te culpa, es el yo que rompe un cristal y levanta espejos, de pistola y etanol

allí, no importa
quién destruyó la casa

es el temblor del patio dentro de la botella
brotando enloquecido esquejes de distancia
que germinen en tus pechos cáliz de luna

oh hambre ¿qué darte para saciar la muerte que nos dio la vida?

las dos
degolladas por el cuello húmedo del grito que articula
el siguiente paso

las dos
mano y espada
de la tierra estéril
levantando voz, bajando carne
al vientre fértil de lo desconocido que congela algunas tardes de verano
el grito seco de los ríos

y te rodea de rocío de roca
y me espanta de tu sudor inmóvil
en las crines de mi muerte

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