HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Abrazarme a chopos y perros.
Escurrir el vaho oculto de las rocas, donde estiren las nubes, las primitivas bestias que guardaron los secretos mientras el sucio hombre-blanco prostituía a sus hijos, y ciego de dinero, meó su veneno donde recostaba su cabeza en el sueño tóxico de su eterna muerte gangrenada en el apestoso pacto de su recto papal y su legado de corrupción y estiércol bajo el que ninguna flor podía crecer.

Si llegué viuda, fue porque me seguía el paso que yo perseguía.
Si todos acumularon en mi cuerpo, el hambre del exilio, fue porque me cazaba la muerte que trataba de cazar.
Si me alimenté de la cólera, fue porque el amor me dejaba muy blanda la carne y estéril el canto.
Si a ella, la prometí al respeto de los lobos. No fue nunca para matarnos.

Una criatura de cuatro patas me acecha donde tu sombra estropea los lirios con el llanto.  Ella nunca se quejó. Cuando caía tu sangre en un piano de tangos-cadáver, ella se retorcía de la violencia de los mares y sólo hacia adelante, empaló espadas contra tu vida, para volver liberadas a la montaña que cantó más allá de la vida y de la muerte, todos los crepúsculos.

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