HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Al insomnio de las garras de las flores menstruando tu corazón de hueso y araña.
Todos los pronombres, son criaturas de la psique. Ellos, detrás del teatro, sólo han conocido a la luna y sus mil trampas de cuchillo y manantial. 
Mi mamá roía un espejo de serpientes. El padre fumaba opio entre arlequines y hueseros. Creía conocer los poemas del olvido.
Ellos, rotos, del hijo, iban al monte a atrapar las huellas del zorro. Para echar sobre la cuna, el hambre del sol.
Los moratones fueron la única caligrafía que conoció el regreso del lobo.
Mi abuelo, charamilero, viejo de diablos y de mar. Echó arena a las horas. Sequía cuando había demasiada violencia y humedad en la carne de ceniza. Su secreto permaneció en el mundo de los muertos, porque él creía que nadie con la cabeza sobre los hombros, merecía entrar. Y la abuela, zarrapastrosa y bruja, velaba con azadas y serpientes ancianas como el agua, la entrada entre las piernas, porque nadie que no hubiera sangrado la tripa por la boca, podía tocar el canto de metales.
Todos ellos, sin contar conmigo, preparon la matanza. 
Sobretodo el tejón que por las noches era un cuervo. Avivaba en mi cuerpo sin forma, en mi voz sin dientes, en mi sangre sin venas, en mi piel de sombra, el regreso, de fuego en primitivos valles destruidos, cuando sólo el esqueleto se sabía la tonada.
Yo desgreñada, avivadora de ratas y crucifijos, en la tiza del cascajo, perdí la vestidura, la hacienda, el nombre, la dignidad. Amputada por el enigma que me parió con la promesa de arrancarme a la muerte, para conocer lo que se sabe de vida.Vagué cientos de lodos con el hilo de plata colgado del viaje a la locura, a la ayahuaska, a la luna llena. Hoy más cerca, nadie puede dormir sino lleva dentro todos los muertos con sus ojos abiertos como el aullido de las estrellas.

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