HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

aquella noche
cuando el mediodía reventó su cascarón
en la derramada ginebra de un amor sin huesos ni mañana

desapeé el tren en tu pecho
mutilé mis poemas
pagué al aparejador sus favores de tercera
cojeando entre tus piernas
como la ternura del enterrador

y aquí paz y después gloria
le cantó la rata a la luna

bajamos tan abajo
que las escaleras eran flor de guadaña

al requisito de hacer tripas corazón
con el espanto de la mariposa empalada en nuestra nuca

deshice el mobiliario
de tu vampírico cinismo en mi cinismo
cuando girar la cabeza era cantar cucaracha
la estación de la datura
entre los muertos y el beso de los árboles

las alas
eran ceniza que sólo volvían a la espalda
si matabas al pájaro clavando la bala en la cabeza

no me preguntes por qué

los cuervos inhalaron en mis ojos la lluvia

nada era personal
fue personificado en el sudor rojo de las paredes del sanatorio de los buscadores de los dinosaurios
la sangre arrancó los ojos y las piernas
no sé si era llave indispensable, o error-paritoria, estropicio, o camino más largo
pero nunca tuvo nada qué ver contigo ni conmigo
fuiste arlequin en mis desventuras, proxeneta, caldo de gallina de la noche arrebatada
fuiste mito de manicomio, sal derramada en la cocina, y la raposa busca la hoguera
yo te fui otra equivocación cualquiera, puedes poner sello de puta o de santa, te equivocarás
nos equivocaremos impiadosa y estúpidos, cada vez que creamos que éramos
sino el fuego desolado y ardiente, del allá.

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