HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

purgar de las costillas al silente, el verbo
que filtre sólo ese camino sobre los cuernos de los búfalos
desgajando el vapor, el duelo entre las palabras y el peso del cielo en un guante de plomo

te vi levantar margaritas
con la carga de machetes
del rostro quemado de tu soledad
al viento que te envolvía deshaciéndote de ti y de mí

esos pájaros furtivos
conglomeraron tus huecos
al ataque del vacío
devorando una epístola en la gotera que enviudaba tu habitación

retorcías bajo todos los insomnios
el temblor de una mano
amputada de la palabra
rayando en un papel la carnicería del desengaño

la tormenta salpicaba
en la silla de tres patas agujereada de carcoma
el grito mudo que apretabas en la ventana para versificar la lluvia
donde ni tú ni ningún recuerdo, fueras un inconveniente que añadiera palada de tierra a la bala que venía
y era del Sol

aquella lejanía
que nos llegó acuchillada en la tráquea

para reverberar tal vez, un paso, que después de los suicidios no fuera sólo cadáver
y regresara la música

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