HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

acumulé grietas
de abofeteado corazón en papel de lija
entre espada y pared
desconservando la urgente memoria de las rocas

envolví con papel de plata
la ternura violada del perro de mi niñez
en ese puño cerrado de medusas y benceno
golpeé las puertas
con el esqueleto por delante
para invocar la sangre desdeñosa del réquiem
que calentara a fuego lento, mi beso de cera, en tu rostro de papel

y dejé entrar sin saberlo
la mezquina rabia
que te hacía enemigo
cuando sólo eras pájaro que no me cantaba
vuelo que no se posaba ni en mi tumba ni en mi pecho

era esa herida vanidosa
de no tener verdugos ni víctimas
ni aguja de coser, ni siembra y trasfusión

cuando llovían sapos
y esos poemas a la ventana
eran pedradas que rompían los ojos del horizonte

acurrucada por el frío
con las colchas de la nieve
desentumecía del paso
hierbas venenosas
frotaba entre mis senos
como si fueran caricias de la luna llena

equivocada
iba en estampida de bestias
como si sólo los muertos pudieran devolver el corazón

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