HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

rodeada por el corral
de los gallos que cantan y que murieron hace un siglo
de esas huellas de ceniza que caminan hacia el buzón en el que sólo llegan versos escritos por lagartijas
heces de lluvia vieja armando las manos hacia la caricia del sol
desarmando la letra y los escudos
cuando sólo se puede avanzar siendo niebla

de los ladridos de los perros
en la medianoche de ese aniversario de crematorio y lunas nuevas
rajadas sobre el capó
que te recogió borracha, entre el hospital y el infinito
con los moratones del huevo que se rompe
y da a luz, ave peregrina

te envuelve hilvanadora
de un adiós de nuca de llama
que te dispare del cuerpo, casa de mar
donde las sombras no teman más por tu vida
ni te embargues de ausencia el beso en los dedos

las viejas porcelanas
preñan lirios
donde la muñeca de cartón
te corta las venas
para que compartas en la sangre derramada
semilla de la tierra

no temas si juegan a matarte los fantasmas
si el agujero del ratón lleva en sus mandíbulas tu ojo arrancado
no llores, aunque no quede sal en los océanos

los búhos no se acercan
si te anillas al hueso estomacal
si te acurrucas de frío desolado
si te separas en la espada de damocle y te partes en mil cachos de antagonia peleada

que corra el aire
que la voz eclosione de la garganta a la hoguera
y no te astille nada tuyo, nada mío, en las arrugas de la mano que no pida sino a la pobreza enamorada de la tierra que danza eclipses que sólo el precipicio de lo desconocido amamanta madre eterna donde tu muerte es semilla que brota

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