HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Caballo desbocado, desde la tierra quemada, hacia un salto ciego, hacia las hierbas o las balas.
Te encontré allí, rienda de golpe y fuego. Vientre parricida de agua abortada, hacia el beso de plomo, del levantarse o hundirse a conciencia hasta los tuétanos de la nada. 
Fui trampa de fakir sacándome puntas del hueso escupido entre saliva y pelos, de mis robos, entre la carne etérea de mi otro yo, yonqui de todos mis errores, alimentando a mis alimañas entre el viento de la nada y mi cuerpo borracho tirado en el suelo de un circo, dando música a las ratas, cuerda al tictac de mis deshoras, pagándome a mi puta, cuando tu cara espantada tragaba cieno desde el moratón endémico del zorro olvido que en una sala de urgencias se metió cicuta por los ojos, cuando por las venas corrían despavoridas células de la legítima locura para volver, juntando neuronas con dinamita, porque todo lo otro era una celda, que te metía en los sesos la cagada civilización del fascismo y su estupidez.

No hay comentarios:

Publicar un comentario