HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Cazar desde la ausencia, la gangrena de la palabra.
Usar mi sombra como metralladora contra la bulimia del soliloquio encerrado en un espejo de boliches.
Tirar a matar al "mi" cuando se trata de la libertad de los buitres velados en luna llena. 
Sacar el fuego del centro de mi discurso de calcetines de rata, al fuego del animal, quemando los vestidos, nutriendo con ceniza la hierba. Con viento destruir el recurso que devuelve estribillo a lo que debe ser una hoguera. 

Esperarme a la vuelta de la esquina con un cuchillo.
A cuatro patas, subir el monte, bajarlo de la nube al aullido. Echas pis de rayo, donde la lágrima conoció el tango y derrochó vino tinto.

Emponderar a mi no-yo, con los huesos rotos del yo.
Echarle a eco de enana blanca y amanita, lo que coleccionó mi raposa en la despensa. 

Darle todas las neuronas de las piedras, la luna y los mares, al tirachinas que hace agujeros en mi mente. 

Oir la voz de los esquizofrénicos, para romper la ley de la gravedad.
Liberar al cuerpo, de lo que le dio a los váteres. 

Volverme loca de remate, cuando el mate es urgencia de retina, para romper la ceguera.
Al do, la altitud, depende, de las fosas que cavaste y te tragaron. 

Somos bandoneón de desierto, frotando piedras, de rodillas sobre la copa de los pinos.

Purgarme todas las civilizaciones, al despiojar perros, al lamer el río, al echarme por sobaco toda la luna a cuestas.

Brotar pelo púbico de los astros.
Echar un poco del erizo, un poco de la loba.
Que las uñas sean montacargas a través de la materia negativa.

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