HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Congelada mano, desglaciando la distancia, entre los dedos del bosque.
Ningún paso labra tu regreso.
Desde allá arriba, el abajo descalzo, llueve plata quemada en las margaritas.
Corazón abierto a puñaladas de sol lejano. Viejo olor de vino-placenta, tiñendo en tus labios, hueseros golpes de la madre prisionera, entre costillas, flor neuronal del salto al abismo.
Reguero del valle, senos de montaña en llamas cuando los jabalíes mueren de hambre en tu alimento.
Crujes las cuatro direcciones en tu cintura guerrera y desolada.
Me miras con toda la muerte inhalando espina y salitre de mi pupila fría de no verte.

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