HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Debo mantener los ojos abiertos, aunque el cuerpo caiga a la desolación del vacío.
Fijar el verbo, entre los tambores de vapor. Echar candela, ojos de rinoceronte, amor, aunque no se conozca ningún beso. 
Algo en mi inconsciente ha sido asesinado. Me es díficil recordar todo mi pasado. No lo quiero para nada, pero mi cuerpo lo necesita para comprender ese agujero de gusano que mezcla la inexistencia con el torrefacto de la mar. 
Algo ocurrió. Algo que dejó un agujero negro en mi mente. No sé si fue el estramonio, si fue la policía y las drogas psiquiátricas. Si fueron los estados acrecentados de conciencia, cuando el universo era una bala que venía a matarme.  De alguna manera, aquella vuelta de campana entre caminos de éter y polvo, dejó una cicatriz en mi memoria. Algo que siento que necesito encender de nuevo, olerlo, tenerlo en mis manos, como Matrioshka.

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