HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Deliré de soliloquio, todas las piedras.
Laberintos del bucle cuántico, tomado en la trampa de la rama.
De mono a mono, luna de sangre entre mis piernas. Alarido de selva, deshilvanando lo que hilvana el arte del deshacer. Cabeza contra muro, cementando ladrillos con la espalda. Al pájaro del hambre.
A mi loca de colinas y grutas, destetando a los murciélagos.

De tanto yo, me salió rana, la petenera, por patas de gallo. 

Lo agoté por hartura.
Por pozo sobre pozo, quitando clavo con clavo.
Y cayéndose el lienzo en la mandíbula postiza de la vieja.

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