HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El paisaje está bellísimo. Impregnado de la vida salvaje, a veces microscópica, invisible, a veces a golpe de jabalí en el eco de las piedras. Estampida de tambores verdes en el papel del viento. Corazón libre del animal que nunca pisa el asfalto, ni conoce los terrores domésticos que de casa en casa, construyen la avaricia, la envidia, el consumismo indecente sobre los cadáveres de los desheredados.

Había una dualidad, extrema, y cada zona, tenía muchas capas, desde el inframundo al paraiso. Con algunas conexiones, transiciones, entre ambas, a veces del beso, a veces del asesinato.

La social y la de la soledad.

Ambas se soñaban, la una a la otra, en un cama de muerte, con ruedas, con alas, con pies de fuego y mármol. Ambas peleaban sus carencias, en lija de opio, en vaho de ginebra, en la oscuridad de una pared abriendo ventanas de ratones a la música del maíz. 

Viví, bifurcada, por la antagonia de esas fuerzas, durante toda mi vida.
Hace unos meses, descubrí, en medio del abismo, una Integridad. 

No fue algo del todo nuevo. En los arrebatos "psicóticos" ya había ocurrido. Aunque entonces fue sacrificada a cuchilladas la realidad que no se ajustaba a mi fuego.  Y en el vértigo, los símbolos, se hicieron etéreos, oníricos, un viaje sin dormir del LSD, del grito del Quijote, buscando las lanzas y hogueras de los indios y de su casa. 

Ahora es distinto. La integridad, encuentra un camino, puramente hacia dentro. Compacto en un viento frugal, humedad de cueva, cantos rodados a la memoria del río y de la nieve. La voz del extremo y la totalidad, del espíritu.  Pero ya no juego mis suicidios y trampas, en lo exterior. Porque hoy me destruye. Esto es un trabajo para mí vertical, porque viví jodidamente cómoda en la separación con saña que aguardaba el poema. 

Esta unión, implica a la vez, la desunión utópica de todo cuanto fue importante. El desapego, pero no mártir ni vagabundo, ni que os jodan a todos,  sino combativo, de la voz de los árboles en la emancipación de mi vacío, como burbujas de viento penetrando los mares. 

No es algo que me ha llegado como otras veces de forma radical y explosiva. Por ello, es una lucha continua, por la voluntad de ser libre y de contener la atención de la percepción sutil y casi invisible, que ocurre en ciertas conexiones que antes dejaba devorarse y devorarme en mi cinismo del teatro. 

Fui en el pasado, también la puta Cenicienta. Con la trampa de la raposa velando mi corazón. 

Hoy la dirección es desprender la inercia de los burdeles y desprender su envenenamiento en el inconsciente de la loba esteparia. Había un nudo. Que retroalimentaba, la porquería en ambas partes. A veces era mierda gozosa. Pero era mierda. En el pasado no me importaba porque vivía a favor del fracaso del circo. Ni siquiera era consciente del suicidio que estaba cosiendo en mi alma.

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