HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El río, agarrarse a dos piedras y dejar que la corriente remueva el cuerpo como arrebatos eléctricos del Infinito, porque el agua nos sabe traslúcidos, incorpóreos, olvidados, casi muertos, en el mismo aliento que ella ama.
Desnudarse en el pinar, cubrirse de tierra, callar todas las vidas, en la humedad del suelo.
Imitar al mono, al gallo, a las lobas, cuando debajo de las estrellas somos todas las soledades.
Endeudé tal vez, un beso en el callejón. Sabor de hulla entre las voces que deletrearon mi nombre sobre el infierno. Anillo volcánico que agujera mi corazón con la misma crueldad que lo libera.

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